ESTO ES GRANDE
El movimiento 15-M o de los indignados, como se le ha bautizado, trasciende las fronteras del fenómeno sociológico, antropológico y psicológico. Realmente está siendo un fenómeno digno de estudio por las dimensiones de la movilización de la población conseguidas.
Hoy cuando la idea generalizada es que la globalización tiende a uniformizar la gente, o anestesiarla, desde el punto de vista de las inquietudes y de las reivindicaciones, una masa de individuos, unida a través de una idea común reivindicativa y ampliamente aceptada, se pone de lleno a rebelarse para conseguir un objetivo común, para sublevarse e intentar transformar lo que consideran una injusticia. Y lo hacen en la plaza, en la calle que son y serán siempre el forum de la expresión de la sociedad. El lugar donde se plasman las inquietudes en forma de protesta de grupos sociales aliados en pro de una determinada causa.
Como en muchas de las revoluciones que se han producido en la historia, el sentimiento de rebelión ha unido miles de personas en pro de una causa unitaria de protesta. En muchas de las revoluciones anteriores, este sentimiento de rebelión tenia que ver con injusticias sociales y desigualdades económicas y de clases en las cuales un grupo ( a menudo el que se conoce como pueblo) se rebela contra unos estamentos establecidos por el poder. En este caso, los indignados han reproducido este esquema y han protagonizado una revolución pacífica para hacer sentir su malestar ante la actual crisis económica.
Si seguimos el hilo de la protesta nos damos cuenta de la fuerza del sentimiento de rebelión y la magnitud que toma cuando forma parte del ideario de un colectivo.
La sublevación se inició por el desencanto del futuro y las perspectivas que ofrecía el panorama actual. Por la frustración cuando no se consiguen los dictámenes de la sociedad ( estudia, ves por el buen camino, haz las cosas como tocan) y que posiblemente no tendrán premio ni recompensan en forma de vida asegurada sobre una serie de necesidades ( como la realización o peor todavía, las necesidades esenciales de subsistencia).
Sobre esta base de frustración nace la necesidad de plasmar un sentimiento de rebelión en forma de protesta y hacerla extensiva a conocidos y contactos. Aquí es dónde las tecnologías propias de las redes sociales encuentran su máxima y principal relevancia hoy día; la capacidad de propagación de los mensaje es tan fulgurante que en pocos día se consiguen cristalizar el ansia de rebelión en un conjunto organizado.
Ya somos un movimiento, agrupado bajo una causa y un sentimiento común, la subversión contra unos enemigos comunes.Esta actitud tan poderosa nace del sentimiento de oposición (no tiene por que ser violento) constante y persistente a lo establecido; tiene un carácter contestatario que se dirige contra lo establecido como norma imperante. El objeto del levantamiento implica una injusticia que despierta la conciencia del malestar y incita al sentimiento de revolución. Este último punto es importante, ya que es el mecanismo de base de la cohesión del grupo, el que da sentido a la movilización.
Estamos delante de una rebelión progresiva compuesta por individuos que comprenden la realidad pero que no soporta las consecuencias de la injusticia y que tratan de mejorar las reglas .
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